16 Julio 2015
 

Se ha dicho que la impresión 3D revolucionará el mercado de la distribución y se convertirá en una de las tecnologías clave de la primera mitad del siglo XXI. Antes de que cada hogar disponga de una impresora 3D, estos aparatos deberán probar su valía como herramientas en el mundo de la empresa y la industria.

Las impresoras 3D existen desde mediados de los años ochenta, pero hasta hace apenas un lustro sólo las grandes compañías de sectores punteros podían acceder a esta tecnología. La distribución de este tipo de máquinas estaba en manos de unos pocos fabricantes, que inventaron y patentaron diversas tecnologías de impresión 3D y explotaron sus posibilidades en el campo del diseño industrial.

Tal y como publicó el Magazine de la Vanguardia, el pasado 2 de marzo, en su artículo ‘Imprimiendo el mundo’,  el uso de las impresoras 3D es ya una realidad en múltiples ámbitos, más allá de la fabricación de piezas ligeras para aviones comerciales y de combate o de elementos de carrocería para coches. En el sector sanitario, tal y como muestra esta publicación, las aplicaciones son inmensas: “se imprimen implantes dentales y craneales, prótesis, injertos óseos para curar articulaciones dañadas, moldes de canales auditivos que actúan como audífonos; y además se experimenta con la impresión de tejidos vivos, que se usan como sustitutivos temporales de cartílagos como la tráquea y los bronquios.”

En cualquier actividad, las posibilidades son infinitas: coches personalizados; carcasas para móviles; piezas para reparaciones en el hogar; moldes y prototipos para uso profesional; o bien, como entretenimiento en el ámbito de la joyería, la moda, o el arte.

Chris ­Anderson, físico, periodista y emprendedor, defendía ya en el año 2012 en su libro ‘Makers: The New Industrial Revolution'  que nos encontramos en la antesala de un cambio en los “modelos de creación, producción y distribución de productos, comparable a la revolución industrial.”  Telefónica, en su blog Think Big, y a través de su artículo ‘RepRap, impresoras 3D low cost que se imprimen a sí mismas’, muestra que el punto de inflexión que realmente explica el auge que ha experimentado la impresión 3D en los últimos años, se encuentra en las investigaciones del profesor de ingeniería mecánica de la Universidad de Bath (Reino Unido) Adrian Bowyer, el cual impulsó, en el año 2005, el proyecto RepRap, cuya finalidad se basaba en diseñar una impresora 3D de bajo coste capaz de autorreplicarse. Además, la compañía destaca que "hoy en día la iniciativa cuenta con el apoyo de aficionados y profesionales de distintas partes del mundo, que enriquecen a la comunidad con sus aportaciones, tal y como funciona cualquier desarrollo de open source."

La compañía Stratasys, cuyo fundador inventó y patentó la tecnología FDM (modelado por deposición fundida) asegura que la liberación, en el año 2009, de estas patentes marca el inicio del uso doméstico. Asimismo, la aparición de empresas creadas al amparo del proyecto RepRap, tal y como comentábamos anteriormente, provocó que los precios de las impresoras 3D, capaces de crear prototipos de plástico fundido, cayeran en picado.  Y es que, tal y como muestra elEconomista en su artículo ‘Cómo invertir en la próxima revolución tecnológica: las impresoras 3D’, máquinas que hasta entonces costaban decenas de miles de euros se han empezado a comercializar por menos de 1.000, lo que las ha hecho más accesibles a profesionales y pequeñas empresas de perfil técnico o artístico: ingenieros, estudios de diseño y arquitectura, artesanos, inventores, aficionados al modelado y, en general, a cualquiera con conocimientos y creatividad para diseñar productos de toda índole.

Markus Seibold, responsable de Tecnologías de Fabricación Avanzadas en la unidad de Gas, Turbinas y Generadores de Siemens afirmó el pasado mes de febrero en su entrevista a ABC TecnologíaLa impresión 3D entra en la fábrica’ que el uso de una impresora 3D puede ayudar a una empresa a ahorrar costes y tiempo, a diferenciarse de la competencia o ser más ágil en el proceso de I+D. ‘’La reducción de los costes que plantea la utilización de este tipo de máquinas en los procesos productivos de las empresas, así como la rapidez con la que trabajan son algunas de las cualidades que las compañías están poniendo de manifiesto para explicar la incorporación de este tipo de máquinas a sus fábricas’’

Adaptándonos a esta nueva tendencia, la UCAM implantó el pasado año en su ‘Laboratorio de Fabricación Aditiva’ dos impresoras 3D de tecnología FDM. En un principio estas impresoras se usaron para dar servicio al Grado de Telecomunicaciones pero poco a poco, y tras conocer las infinitas opciones de crecimiento que plantea esta nueva y polivalente herramienta, el servicio se fue abriendo a otras titulaciones de la UCAM. Actualmente se están desarrollando desde la Universidad diversos proyectos que necesitan de la fabricación de piezas específicas. Gracias a la impresión 3D ahora es posible.

Titulaciones como Telecomunicaciones, Informática, Arquitectura, Medicina y Educación se han interesado por esta tecnología, y a día de hoy se colabora con ellas, con el fin de aprovechar las inmensas posibilidades que ofrece la impresión 3D. Además, durante este mes de julio alumnos, profesores y todas aquellas personas interesadas en el mundo de la impresión 3D y la digitalización de objetos, disfrutan del Campus de Verano ‘Iniciación al emprendimiento mediante el uso de la impresión 3D’. En estos talleres se montan impresoras 3D, se imprimen piezas, se digitalizan objetos y se construyen robots con piezas impresas en 3D, mostrando así el amplio abanico de posibilidades que ofrece esta tecnología.  De cara al próximo curso se está desarrollando desde la Institución el contenido de un Curso de Especialista en Impresión 3D, Diseño, Digitalización y Técnicas de fabricación aditiva, de 300 horas, para profundizar mucho más en esta tecnología y sus posibilidades.

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